"No dudemos jamás de la capacidad de un grupo de ciudadanos insistentes y comprometidos para cambiar el mundo.
De hecho, así es como ha ocurrido siempre."
Margaret Mead

martes, 27 de agosto de 2013

Mi experiencia randoneur

Este es un documento que pretende ser vivo. Es decir, pretendo ir ampliandolo, modificándolo, etc. pero no pienso escribir otro sobre el mismo tema.

El randoneurismo (palabra procedente del francés que significa excursionismo) es una modalidad de ciclismo, no competitiva, (a no ser con uno mismo) que consiste en cubrir un recorrido, con unos márgenes de tiempo determinados, generalmente los correspondientes a una velocidad media comprendida entre 15 y 30km/h. Cada una de estas pruebas se conocen como brevets (diplomas en francés). A tal efecto, generalmente los participantes disponen de una hoja de ruta en la que tienen que conseguir, bien de la organización del evento o de cualquier otro establecimiento de la zona -bar, gasolinera, etc- que les pongan un sello con la hora de paso. En otros lugares, como en el Reino Unido, sólo hay que aportar un ticket de compra de algo que se haya consumido, un café, agua, una barrita, etc.

Por lo general, en una misma temporada, se organizan varias brevets en una misma zona. Comenzando por una de 200km de libre inscripción que acredita al participante para inscribirse en la siguiente de 300km. Con la acreditación de haber terminado una brevet de 300km se puede participar en la de 400km y con la de 400km se puede participar en la de 600km.

Cada cuatro años se celebran en muchos países, una superbrevet de 1200km o más. La más famosa, la que cuenta con un mayor número de participantes y que a su vez es la prueba ciclista más antigua del mundo, anterior incluso al Tour de Francia, es la París-Brest-París de 1200km y que consiste en ir de París a Brest en Bretaña para volver de nuevo a París. Por lo general, para participar en una de estas superbrevets, es necesario tener acreditada la participación, en el mismo año, en las brevets de 200, 300, 400 y 600km.

Lo primero de que me di cuenta cuando participé en mi primera superbrevet el verano de 2013 (London-Edinburgh-London), es que es algo muy serio que no se puede afrontar alegremente y sin preparación. Supone un desgaste y un esfuerzo superior al que nos podamos haber imaginado.

Una superbrevet es principalmente una prueba de estrategia. Diversos factores intervienen decisivamente en que sea un éxito o un fracaso. Para mi son los siguientes:

El grupo
Es mejor y más divertido afrontar un reto como éste en grupo. Dicho grupo debe conocerse previamente lo más posible debido a que el cansancio va a hacer aflorar inevitablemente todas las tensiones desapercibidas en momentos de falta de estrés. Si se parte en solitario siempre será posible unirse sobre la marcha a algún grupo que ruede a un ritmo asequible para nosotros pero esto lo más probable es que sólo funcione ocasionalmente. Si se desea hacer una de estas pruebas en grupo lo mejor es organizarlo antes de partir.
Lo ideal es que dicho grupo sea lo más homogéneo posible en cuanto a fuerzas, objetivos y planteamientos. Los objetivos y planteamientos tienen que ser necesariamente los mismos. No tanto las fuerzas que pueden variar más. En ese caso, el grupo deberá plantearse una estrategia que le  permita mantenerse unido.

En lo que se refiere a las fuerzas de los integrantes del grupo, pueden darse los tres siguientes casos:
- Que todos los miembros tengan unas fuerzas similares.
Es la situación ideal. El grupo podrá rodar dándose relevos a una velocidad superior a la que rodaría individualmente cada uno de sus miembros.

En este caso se benefician todos.

- Que las fuerzas de sus miembros sea diferente pero no mucho.
La velocidad de un grupo es la velocidad del más lento de sus integrantes. Si la diferencia es poca bastará con que los más lentos rueden la mayor parte del tiempo detrás, de esta manera la velocidad del grupo sería un poco mayor que la velocidad de los más lentos y estos rodarían más rápido de lo que lo harían solos pero con el mismo esfuerzo y los más fuertes rodarían a la misma velocidad a la que lo harían solos ellos pero también con el mismo esfuerzo.

En este caso se benefician los más lentos sin perjudicar a los más rápidos.

- Que las fuerzas de sus miembros sean diferentes pero las diferencias más acusadas.
En este caso no habrá más remedio que los más rápidos bajen su ritmo adaptándose al que puedan mantener los más lentos.

Los más lentos se seguirán beneficiando pero con la incomodidad de sentir que están retrasando al grupo y los más rápidos se verán perjudicados en el tiempo invertido en la prueba, las horas de sueño y la fatiga asociada al tiempo que estarán sobre la bici tales como dolor de culo, cuello y manos en ciclistas erguidos.

Por supuesto que esto es un planteamiento teórico en el que caben muchos matices. El grupo puede dividirse en más de dos estados de forma, por ejemplo individuos lentos, neutros y rápidos y esta división puede variar al lo largo de la prueba, de un día para otro incluso en el mismo día. En este caso habrá que ser flexible y adaptar la estrategia a cada momento.
Además no se puede plantear rodar tanto tiempo como sí fuese una contrarreloj por equipos. En este tipo de pruebas tan largas debe haber lugar también para la charla, las fotos, las paradas de servicio, etc.

Los objetivos
Aunque parezca obvio, antes de plantearse la prueba hay que tener muy claros los objetivos sobre todo si se piensa afrontar el reto en grupo. Eso no quiere decir que no se pueda (y se debe) modificar dichos objetivos sobre la marcha en función de las circunstancias ajenas o propias. Uno o dos días de viento en contra no es nada descartable y puede echar por tierra el plan más minucioso.
Es mejor plantearse objetivos moderados y mejorarlos sobre la marcha que hacer lo contrario ya que esto último supondrá con mucha probabilidad que, antes de rebajar las expectativas, hayamos quemado inútilmente energías.

La forma
El estado de forma es fundamental a la hora de afrontar un reto como este. La única manera de conseguir un adecuado estado de forma es a través del entrenamiento. Tradicionalmente el entrenamiento randoneur ha consistido en hacer muchos kilómetros. En este mundillo se mide el estado de forma en función de los kilómetros acumulados. Supongo que los más rápidos, en este tipo de pruebas hacen algo más que muchos kilómetros. Yo pienso que se trata no tanto del número de kilómetros como de la forma en que se realicen estos.
Una prueba de estas características, de varios días y muchos kilómetros, tiene que ser un ejercicio de baja intensidad y mucha duración. Entiendo que se tiene que rodar casi todo el rato en, o por debajo del primer umbral aeróbico, es decir alrededor del 70% de la Frecuencia Cardíaca Máxima (FCM). Dicha FCM son las pulsaciones máximas a las que sometemos a nuestro corazón durante unos pocos segundos rodando a tope. Esto se puede establecer durante una subida con un pulsómetro o mejor haciendo un test de esfuerzo.
Por mucho tiempo que rodemos a ese ritmo, al 70% de la FCM, nunca conseguiremos una adaptación suficiente como para mejorar nuestro estado de forma. La clave es conseguir realizar un trabajo mayor a ese 70% de la FCM. Alberto Contador rodando al su 70% de su FCM irá mucho más rápido que yo a ese mismo 70% (con y sin solomillo).
Por tanto la clave es poder realizar un mayor trabajo a ese 70% de la FCM. Para ello es necesario una adaptación de nuestro organismo. Un corazón más grande y fuerte capaz de bombear más sangre en cada pulsación. Un sistema vascular capaz de hacer llegar esa sangre a cada célula de nuestros músculos y unos músculos capaces de realizar el trabajo que se espera de ellos.
Normalmente los pulmones son suficientes, no suelen ser una limitación. Posiblemente esto seguiría siendo cierto aunque solamente dispusiésemos de uno de ellos. Las personas enfermas que precisan oxígeno, suelen estar por debajo del 5% de su capacidad pulmonar.
La única manera de conseguir la mencionada adaptación de nuestro organismo es someter a nuestro corazón a esfuerzos mayores, por encima del 90% de la FCM, eso si durante periodos de tiempo limitados. Es lo que se llama entrenamiento de calidad. Algo que debe ser orientado por un entrenador o especialista. Hay que descartar la idea de basar nuestro entrenamiento solo en hacer muchos kilómetros. Un maratón no se entrena haciendo maratones. De hecho, los maratonianos actuales no hacen tantos kilómetros como los de hace algunos años siendo sus marcas mejores que las de antes.
Entiendo que hay que combinar sesiones largas con otra más cortas e intensas.

El ritmo
Otra obviedad pero que es fácil de olvidar, sobre todo al principio de la prueba, cuando nuestras fuerzas están intactas y otros grupos de ciclistas nos sobrepasan con facilidad. El ritmo de marcha debe ser constante y sostenible la inmensa mayor parte del tiempo que dure la prueba. Es más económico energéticamente mantener un ritmo constante (me refiero a un esfuerzo constante, lo que supondrá una velocidad variable en función del terreno) que mantener un ritmo variable. Eso no quiere decir que no nos podamos unir a grupos ligeramente más rápidos que el nuestro si podemos circular con ellos manteniendo un esfuerzo similar al que llevaríamos de ir solos.

El sueño
En una prueba de varios días como esta, un capítulo fundamental es el tiempo que dediquemos a dormir. Dicho tiempo dependerá de la estrategia con la que la planteemos. Pero hay que tener en cuenta que es mucho más reparador una hora de sueño, que una hora de descanso. Durante el sueño el cerebro segrega una serie de hormonas que contribuyen a acelerar la recuperación, algo que no pasa durante la vigilia aunque estemos inactivos. Por eso hay que tratar de cambiar, en la medida de lo posible, horas de parada por horas de sueño.
La mayor parte del tiempo la emplearemos en pedalear. Tendremos que hacer paradas para sellar en los controles, comer y descomer, repostar agua y desrepostar, etc. Debemos hacer cada una de esas paradas lo más rápidas posible. Sin estrés pero con eficacia.
Si el ritmo de marcha es sostenible, no necesitáremos parar a descansar más que lo indispensable para hacer lo que tengamos que hacer. Si abreviamos 10 ó 15 minutos en cada control (en donde además aprovecharemos para comer) tendremos al final del día una valiosa hora más de sueño.

El sufrimiento
Es algo que está garantizado. La única duda que cabe es su magnitud que está relacionada con lo ambicioso de los objetivos y el estado de forma. Es inversamente proporcional al placer y cualquier evento ciclista consiste en una mezcla de ambos en proporción variable. Incluso en el sufrimiento hay placer. El placer de superarlo, de no tenerle miedo.

La estrategia: los objetivos, la forma, el ritmo, el sueño y el sufrimiento
Decía antes que una superbrevet es una prueba de estrategia. En función de los objetivos se tiene que planear ésta muy cuidadosamente teniendo en cuenta los demás factores. Existen dos extremos y una variada gama de estrategias intermedias.
Pongamos el caso de ciclistas con muy buena forma y unos objetivos muy ambiciosos. Es el caso de los primeros en cubrir la distancia en todas las superbrevets, las llamadas bailarinas de la PBP. Rodando a un ritmo muy alto y sin dormir. Todo esto a costa de un gran sufrimiento. Su único disfrute es haber conseguido un gran rendimiento, tardar muy poco en hacer el recorrido.
En el extremo contrario aquellos ciclistas con un estado de forma muy discreto y por tanto con un objetivo también discreto: simplemente acabar dentro del tiempo máximo establecido. Los ciclista de este segundo ejemplo tampoco dormirán o dormirán muy poco y también cumplirán su objetivo a costa de un gran sufrimiento. Su único disfrute será haber conseguido finalizar la prueba.
Hay que tener en cuenta que ambos grupos, los muy lentos y los muy rápidos al no dormir o dormir muy poco asumen un riesgo mayor de tener un accidente, por dormirse sobre sus bicis, por circular muchas horas de noche con el consiguiente peligro de despistes, baches, etc. Este peligro es mayor en el grupo de los más lentos porque son los que pasan más noches sin dormir o durmiendo muy poco.
Los ejemplos anteriormente citados no tienen elección en su estrategia, sólo tienen que encontrar cual es su ritmo sostenible de rodar.
Entre ambos extremos está una variada gama de situaciones. Pero todos y cada uno de ellos, los muy rápidos, los muy lentos y todos los demás, tendrán que rodar a un ritmo sostenible la mayor parte del recorrido. Cuanto más tiempo rueden por encima o por debajo de dicho ritmo más comprometerán el cumplimiento de sus objetivos. Es la clave sobre todo de los que se lo plantean en ambos extremos de la estrategia.
La mayoría, entre quienes me encuentro, tienen que buscar una estrategia que encuentre un equilibrio entre rendimiento (es decir, emplear menos tiempo en hacer la prueba), disfrute y sufrimiento. A más rendimiento, más sufrimiento y menos disfrute. Un balance que cuadra siempre modificando cualquiera de sus variables.
Para mi la mejor estrategia es dormir lo suficiente para ser capaz de disfrutar de lo que haces sin asumir mayores riesgos, y rodar a un ritmo que permita cierto disfrute pero manteniendo buenos rendimientos para poder añadir el disfrute de haber realizado la prueba en tal o cual tiempo.

La bicicleta
En este tipo de pruebas se ven, más que en ningún otro evento ciclista, todo tipo de bicicletas. Clásicas de todos los estilos, plegables, de paseo, pura sangre de carreras, reclinadas, fixies y singles, tándem de dos, tres o más ciclistas, triciclos reclinados y erguidos, bicicletas de mano, elípticas, etc. Todas son válidas pero no todas son las más adecuadas excepto si lo que se pretende es dar una nota folklórica y pintoresca.
Triciclo
Reclinada con alforja
Bolsa de sillín, sencilla y aerodinámica
Reclinada con bolsa trasera
Una bicicleta para una prueba de este tipo tiene que ser, robusta y lo más cómoda posible. La robustez es importante debido a que no se puede disponer de asistencia excepto en los controles. Una pura sangre de carreras, con pocos radios, aerodinámicos y finos, con tubulares, nos puede dejar tirados con mucha mayor facilidad que la bicicleta clásica randoneur.
Es importante llevar guardabarros (casi incompatibles con las bicicletas de carreras pura sangre) y luces. La geometría debe estar más en función de la comodidad que del rendimiento, en este tipo de pruebas no tienen ningún sentido los demarrajes, los sprints, ni las subidas explosivas.

A mi modo de ver, la opción ideal es una bicicleta reclinada ligera. Es más rápida en bajadas, llanos y subidas suaves que una convencional. Y no sube mucho peor en rampas fuertes (la única diferencia son los dos o tres kilos de peso que tiene de más). A favor tiene la mayor comodidad, fundamental cuando se trata de pasar más de 14 horas diarias sobre ella. Te olvidas de las cremas para el culo (yo ni siquiera utilizo culote) y de los anti-inflamatorios, no llevas ninguna presión en las manos ni muñecas, ni tienes molestias en el cuello. Me sorprende que no se vean muchas más. Seguramente influya la inercia, la mayor parte de los ciclistas ni siquiera se lo han planteado. Posiblemente asocien una bicicleta reclinada a personas que sufran alguna discapacidad. Usar una bicicleta reclinada es la opción más racional, pero todos tomamos a menudo decisiones no racionales influidos por nuestras emociones. Una bicicleta convencional está más relacionada con la épica de este deporte y muchos de los aficionados lo viven como una emulación de sus ídolos los cuales utilizan bicicletas convencionales.

El equipaje
En pruebas de este tipo es imprescindible llevar algo de equipaje. Más o menos en función del apoyo con que contemos tanto por parte de la organización de la prueba como del equipo propio en caso de que contemos con el, pero siempre necesitaremos llevar alguna cosa más que en las salidas de entrenamiento de una mañana. Para ello existen un montón de soluciones, mejores y peores.
La mejor solución es la que incremente el peso en menor medida y no penalice aerodinámicamente el conjunto bici ciclista. La más utilizada en bicicletas convencionales es la bolsa delantera en el manillar donde se lleva aquello que conviene tener más a mano y otra bolsa trasera con el resto. La bolsa trasera suele ir sobre un porta equipajes de tipo clásico o de tija algo más ligero. También hay bolsas traseras que se acoplan al sillín. Creo que esta es una mejor solución porque te permite prescindir del transportín. También hay quien lleva una mochila a la espalda, pero esa solución no me parece la más cómoda para una actividad de muchas horas diarias.
Lo que me parece la peor solución de todas es el conjunto transportín más alforjas. Las alforjas son una especie de freno aerodinámico y además tienen paradójicamente el inconveniente de que caben demasiadas cosas.
Las bicicletas reclinadas que no tienen el respaldo con una inclinación extrema pueden aprovechar ese respaldo para acoplar una mochila pequeña o bolsa sin que penalice la aerodinámica.
Si el respaldo es más inclinado pueden utilizar bolsas laterales especiales que no frenan demasiado con el viento. En este tipo de bicicletas, utilizar la solución del transportín y las alforjas me parece todavía una aberración mayor que la misma solución en bicicletas convencionales. Es como poner una baca al AVE para llevar las maletas.

En el interior de las bolsas
Además de lo que se nos puede ocurrir a cualquiera, ropa de diferente tipo para adaptarse al clima, crema para el sol, etc. hay alguna cosa que no parece tan evidente a priori pero que resulta de mucha utilidad:
- Chanclas (muy útiles para ir a la ducha o para usar un inodoro donde ha habido inundaciones)
- Tapones para los oídos
- Antifaz para dormir (puede servir el típico buff)
- Aceite para engrasar la cadena (imprescindible si llueve)

Los repuestos
En una prueba tan larga, por carreteras de todo tipo, puede pasar de todo. El mejor repuesto que podemos llevar es tener la bicicleta bien revisada, con cubiertas nuevas o en muy buen estado y lo habitual de cualquier salida, llaves Allen o las que necesite nuestra bici, tronchacadenas, cámaras de repuesto, desmontables, bomba, etc. Además conviene llevar un par de radios de repuesto, una cubierta (sobre todo, si las ruedas que llevamos no son de dimensiones habituales, caso de muchas reclinadas), bridas eléctricas y cinta americana.

lunes, 26 de agosto de 2013

LEL 2013 la Superbrevet británica


El recorrido



La London-Edinburgh-London es mi primera superbrevet. Consiste en ir en bicicleta de Londres a Edimburgo y volver, lo que supone un recorrido de 1.428km. que hay que completar en menos de 116 horas, es decir casi cinco días. A lo largo de dicho recorrido hay que pasar por diferentes controles, situados casi todos en las escuelas de los pueblos en los que además la organización facilitaba comida y bebida caliente y fría, camas, duchas, asistencia mecánica, etc. Todo de bastante calidad y atendido por numerosos y entregados voluntarios que nos facilitaron mucho las cosas. Yo participé con otros tres amigos del Pakefte, Javier Arias, David Bajo y José Antonio Jiménez además de José Manuel Andrey y Jordi Sunyer. Los cuatro miembros de Pakefte nos mantuvimos juntos todo el recorrido y los otros dos más esporádicamente pero sin perder nunca del todo el contacto, sobre todo con Jordi.

El punto de salida y llegada era Loughton, a unos 30km. al norte de Londres. El primer día era optativo hacer una marcha prólogo que saliendo del Palacio de Buckingham recorría todo el centro de Londres y terminaba en Loughton donde comenzaba la prueba. Los cuatro miembros del Pakefte participamos en esa marcha. Se da la circunstancia de que Javier, que vive en Kingston al SO de Londres nos acogió a los tres en su casa cosa que nos fue de gran ayuda. Kingston está a unos 20km de Londres así que el primer día, antes de empezar ya llevábamos en el cuerpo 50km. Como la salida de Buckingham Palace era a las 6:00, pero había que estar allí con tiempo para hacer la foto oficial, salimos de casa de Javier a las 4:00. Empezaban los madrugones. Debido a esta circunstancia, los 1.428km. de recorrido se nos convirtieron en 1.528km. Cosa que no está nada mal si tenemos en cuenta que el desnivel acumulado según la organización era de 11.000m.

El plan era hacer la marcha en cinco jornadas de una distancia similar cada una de ellas. La organización te facilitaba un par de bolsas para que pusieras tus cosas en ellas (mudas de ropa y poco más) y te  las ponía en los controles que desearas. Nosotros escogimos Market Rasen y Brampton ya que ahí era donde pensábamos pasar la noche tanto a la ida como a la vuelta.

La primera jornada entre Loughton y Market Rasen discurrió en un día soleado y casi caluroso, con un ventarrón de cola que nos podría haber hecho volar si no hubiésemos preferido mantener la calma y reservar fuerzas para lo que se nos avecinaba más adelante. No obstante llegamos con una hora de adelanto sobre el horario previsto que aprovechamos para dormir una hora más. El recorrido fue, en una primera parte "hilly" es decir, colina arriba colina abajo, luego un largo tramo llano, entre 6 y 12 m.s.n.m. junto a un canal navegable y finalmente otra vez "hilly".




En la segunda jornada, entre Market Rasen y Brampton, pasamos por el Hummer Bridge, un puente colgante sobre la bahía del mismo nombre, el castillo de Howar y Barnard Castle, la ciudad más pintoresca de todo el recorrido y Yad Moss, uno de los puntos más altos del recorrido con 610 m.s.n. un puerto largo pero de pendientes inferiores al 5%. A mediodía pudimos disfrutar de las delicias de la lluvia británica.

LEL 2013 parte II from Roberto Fernández on Vimeo.

La tercera jornada, Brampton, Edinburgh, Brampton, casi todo el recorrido por Escocia, fue la más montañosa, con unos 3.000 m. de desnivel. Amaneció lloviendo, con el cielo completamente cerrado y nos hizo temer que estaría así todo el día. Afortunadamente no se cumplieron nuestros temores y pasadas un par de horas de la salida dejó de llover volviendo a salir el sol. Así se mantuvo hasta la tarde en que nos cayó el mejor chaparrón de toda la ruta. Suerte que no duró demasiado. Este tramo era muy bonito, los Low Lands, montañas verdes, desoladas con granjas dispersas y ovejas blancas por todas partes.




La cuarta jornada, entre Brampton y Market Rasen fue la más larga. El viento de cara está vez no nos ayudaba y los últimos 80km. además se sumó la noche y la lluvia. Llegamos al control pasadas las 0:00 y como a la mañana siguiente nos levantamos a la misma hora de todos los días, las 5:00, ese fue el día que menos dormimos.




En la quinta y última jornada ya las fuerzas mermaban, se sumó el viento de cara y el calor. Ese día en Londres se registraron 32°C y la última parte del recorrido fue bastante accidentada, con constantes y empinadas subidas y bajadas. Nos costaba ir agrupados y mantener un ritmo regular. Aún así fuimos juntos los cuatro todo el rato. Llegamos a Loughton pasadas las 23:00 110 horas después de nuestra salida. Allí cenamos descansamos y después de las 2:00 emprendimos el camino de regreso a casa de Javier. Este sabía ir de Londres a su casa, pero no de Loughton a Londres así que preparó una ruta en su GPS con este trayecto. Ese GPS había fallecido el segundo día de la ruta, así que tuvimos que recurrir a un teléfono móvil con Google Maps. Atravesamos de noche un inmenso parque siguiendo las indicaciones del teléfono hasta que... se acabó la batería de móvil. Tuvimos que continuar navegando con mi GPS mediante un GoTo Trafalgar Square creo recordar. Por fin, después de preguntar un taxista, llegamos al centro de Londres. Pasamos por el Big Ben a las 4:35 de la madrugada. Estábamos muertos. No me podría imaginar que podría llegar a estar a punto de dormirme circulando en bicicleta en medio de una ciudad como Londres. Con coches atacándote por todos los flacos, circulando por la izquierda. Tuvimos que parar un par de veces para despejarnos, aunque lo que más espabila es marcarse unos sprints. Llegamos a Kingston pasadas las 6:00, 28 horas después de que un voluntarioso voluntario nos despertase en Market Rasen.



jueves, 27 de junio de 2013

...y mi primer 600km


Brevet 600km Salamanca 2013 from Roberto Fernández on Vimeo.

A la salida nos encontramos los habituales de las brevets que se celebran en Salamanca más un grupo de uno 10 ó 12 ciclistas procedentes de Vitoria.
No hace excesivo frío (cosa la cual es una novedad en esta ciudad) y como estamos a una semana del día más largo del año, el cielo ya apunta por el horizonte una cierta claridad.

Partimos por la carretera de Valladolid a buen ritmo. Formamos un primer grupo de unos 20 ciclistas en el que están todos los victorianos. El camino es llano, no hay viento y el fresco de la mañana nos permiten rodar rápido, llegamos al primer control  de Nava del Rey en el km 66 a una velocidad media de 31km/h. Después del control nos vamos separando, los de Vitoria se alejan de mi al tener que pararme para recoger el bidón que se me cayó en uno de los badenes de la travesía de un pueblo coincidiendo con las primeras rampas del día. Son todos bastante jóvenes excepto una mujer que más tarde me enteré a través de José Manuel Andrey que se llama Mª Jesús que iba con su marido Román y un amigo Pascual los tres rondando los 50 años y que son una institución en esto de los brevets. En el segundo control, Tudela de Duero km 126, volvemos a encontrarnos todos, se ha terminado la tortilla de patata y me tengo que conformar con un pincho de oreja rebozada y unas croquetas de bonito en escabeche ¡¡toma ya menú dietético/ciclista!!

A pesar de todo salgo del control el primero y ruedo solo hasta el km 150 en donde me dan alcance en una rampa, junto con José Manuel, sin que intente seguirlos. Van demasiado rápido para mi.
Volvemos a reunirnos todos en el 3er control, Tórtoles de Esgueva km 188, todavía llevo al llegar una velocidad media de 30km/h. Esta vez son los demás los que abandonan primero el control mientras yo me como en la terraza de un bar mi ensalada de arroz. A partir de Tórtoles, el camino ya no es tan llano. Vamos cruzando valles y entre estos valles se sube al páramo, son subidas no muy empinadas de unos 200 ó 300 metros de desnivel. Paso por Baltanás y Torquemada hasta llegar a Frómista en donde esta el 4º control en el km 257. Me siento en la terraza de un bar a tomar una gran jarra de cerveza sin alcohol con limón y un helado pero no como nada, gran error de principiante que pagaré más adelante. Estoy junto con dos ciclistas de Salamanca que llegarían los primeros, pero sin dormir. Son los mismos que llegaron los primeros en el 400 y hubiesen sido también los primeros en el 300 si no llega a participar Fran Vacas.

La salida de Frómista hacia Carrión de los Condes coincide con el camino de Santiago. Allí alcanzo a un peculiar peregrino. Va en patines, me confirma que su destino es Santiago. Poco más adelante hay un cartel "Santiago de Compostela 463km". Casi nada hay gente tan zumbada o más que nosotros. Siempre es un consuelo.

En Carrión me siento moderadamente optimista. Estoy en el km 275, es temprano así que llamo al hotel que tenía reservado en Cistierna, km 360 y anulo la reserva. Me quedo con la reserva de Mansilla de las Mulas, km 408 (que luego resultaría ser el km 418 por un error en la hoja de ruta). De Carrión a Sahagún, 41 km, tenemos el único tramo con viento de cara de la jornada. No son muchos kilómetros, pero ya rondo los 300km de marcha y se nota. Es la hora más calurosa del día y me fallan las fuerzas. Llevo más de 100km sin comer nada más que un helado pero no tengo hambre ni sed. Me veo obligado a bajar el ritmo incluso me paro en una sombra donde me tumbo en la hierba. Me como un gel sin ganas bebo agua caliente con sabor a plástico sin ganas. Pasada unos 20 ó 30 minutos reanudo la marcha más muerto que vivo. Los kilómetros se hacen eternos. Me empiezo a arrepentir de haber anulado la reserva de Cistierna. Siguen pasando los kilómetros y las horas cuando se empieza a sentir que la temperatura está bajando. Me voy encontrando mejor. Paro en  un pueblo a coger agua fresca de una fuente. Al salir me alcanzan los victorianos, mejor dicho, la sección senior, Mª Jesús, Román y Pascual juntó con Paco del Club de Amigos de la Bici de Salamanca, los organizadores de la brevet. Me dicen que la sección juvenil se ha parado a tomarse una Coca-Cola. Me alegro de encontrarme con ellos. Ya he resucitado, el gel, el agua fresca y la compañía lo han hecho posible. Rodamos de nuevo a buen ritmo hasta Cistierna. Me quedo un poco en las subidas, no quiero forzar mucho, pero les alcanzo y rebaso en las bajadas.

Llegamos a Cistierna a eso de las 22:00. El punto de control es un hotel (donde había hecho mi reserva) y restaurante, pero no nos pueden preparar unos bocadillos. Como una empanadilla que llevaba y un par de tejas de almendra. Esa será mi cena.  Los victorianos también van a continuar porque tienen reserva en el pueblo siguiente a Mansilla. Decido continuar con ellos los más de cuarenta kilómetros que quedan, sobre todo porque prefiero circular en grupo si es de noche. Llamo al hotel de Mansilla y me confirman que me esperan. Me pongo ropa de abrigo, me dispongo a salir y... los victorianos ya se han ido. No me queda más remedio que ir sólo, círculo rápido para intentar alcanzarlos, suerte que este tramo es llano, ligeramente de bajada. Cuando ya veo sus luces a menos de un kilómetro, pillo un bache y pincho simultáneamente. En realidad he tenido un llantazo. Es noche cerrada. Me alumbro con el faro metido en la boca, por haberme olvidado del frontal. Suerte que es un faro a pilas, desmontable, y no uno de esos fijos que se usa con las dinamos. El llantazo es en la rueda de atrás, por supuesto. Cambiar esa rueda en una reclinada es más complicado porque no la puedes poner con las ruedas hacia arriba. Tienes que sacar la rueda mientras levantas la bici. Con todo lo peor es volverla a poner. En esas estaba cuando pasa la pareja de Salamanca que llegarían los primeros. Debieron pararse en Cistierna para cenar más seriamente que yo, lo necesitarían para poder pedalear toda la noche. Me preguntan si necesito algo. Les miento y les digo que no, que tengo de todo. Me debió costar una media hora cambiar la rueda. Me vuelvo a poner en marcha.

En el hotel me esperaban hasta las 24:00, voy todo lo deprisa que puedo, todo el rato por encima de 30km/h. Yo mismo me admiro, después de llevar casi 400 km, habiendo comido a las 13:30 y sin apenas cenar, vuelo. No se de donde saco las fuerzas pero no me siento cansado. Por fin llego a Mansilla a las 0:20 a la Pensión de Blanca. Me recibe la hija de los dueños, que me estaba esperando, con una sonrisa. Es una ciclista urbana por las calles de León. El sitio es muy recomendable. Nuevo, limpio, de buen gusto y trato excelente. Me prestan el bote de Fairy de la cocina para lavarme las manos que llevo perdidas de grasa. Me dan un tazón de leche caliente en donde pongo unos copos de avena y una cucharada de azúcar. Será mi desayuno del día siguiente aunque de buena gana me lo hubiera cepillado antes de acostarme, pero me contengo. Se que me debo acostar con el estómago vacío.
Larga ducha y por fin me acuesto a la 1:15. Me siento generoso con mi cuerpo que había dormido la noche anterior poco más de tres hora, y me pongo el despertador a las 5:00 con la intención de estar en marcha de nuevo a las 5:30. No debo durar despierto más de dos minutos. 

A la mañana siguiente, cuando suena la alarma, la apago y sigo durmiendo. A las 5:40 me despierta mi instinto randoneur consiguiendo ponerme en marcha de nuevo a las 6:20, seis horas en total de parada.
Al salir ya clarea, cuando llego a Valencia de Don Juan, todavía están todos los bares cerrados y continúo. A los pocos kilómetros veo a un ciclista un poco renqueante que se para a quitarse ropa. Al llegar a su altura me paro. Forma parte del brevet, es un randoneur auténtico de poblada barba blanca. Me cuenta que en Tudela de Duero, km 126 tuvo una caída y que le tuvieron que dar ocho puntos en un brazo y vendar una pierna perdiendo una hora y media. Había dormido en Cistierna y a lo que se ve, se había levantado antes que yo ya que llevaba recorridos casi 50 km más. El brazo no le dolía pero la herida de la pierna le tiraba al principio. Me admira, es el espíritu de las brevets. En un recorrido de 600km tiene un accidente cuando todavía le faltan 474km para llegar y no abandona. Hubiera sido mucho más fácil, si no tenía quien le ayudara, darse la vuelta y hasta Salamanca. Pero no, eso nunca, continúa sólo todo el camino. Le dejo y reanudando mi marcha.

Al llegar a Valderas paro a desayunar, en el primer bar no tenían nada de nada, intento en el segundo y resulta ser una churrería. Estoy de suerte, aunque me da miedo y me pido un café con leche y unas magdalenas. Me sientan fenomenal, y me tiro a la piscina. Pido otro café con churros y ante la mirada atenta del camarero y del resto de parroquianos y me los meto para el cuerpo. Siento a mi alrededor cierta extrañeza. Un tipo esquelético, con barba de indigente, en una bici rarísima y que se cepilla dos desayunos seguidos del tirón. Me quito la ropa de abriga que me quedaba y me pongo de nuevo en marcha bastante reconfortado.
Transcurren los kilómetros poco a poco hasta que al salir de Villalpando vuelvo a pinchar, es la rueda trasera por supuesto, ahora se trata de una "abrojo". Esto es otra cosa, hay luz, temperatura agradable y se empieza a levantar una ligera brisa (eso si de cara). Arreglo el pinchazo, mientras me adelanta el ciclista barbudo y en un plis plas estoy de nuevo en ruta.
El viento de cara arrecia, es agotador y empieza a hacer calor. En uno de los pueblos por los que paso veo la bici del ciclista que me precedía, a la puerta de un bar. Es curioso esto del ciclismo. Estoy harto, deseando llegar, pero se que cuando llegue, al día siguiente como mucho, estaré deseando empezar otra. Es para estudiárselo.

Por fin llego a Zamora, en la gasolinera donde paso el control me dicen que pasaron por la mañana dos ciclistas (los de Salamanca que hicieron el recorrido de un tirón) y luego muchos. Deduzco que eran los de Vitoria que se habían reagrupado madrugando más que yo. Me como un par de sandwiches, un acuarius y un helado. Compro una botella de agua de 1,5 litros con la que relleno los bidones. Me va a hacer falta porque hace bastante calor.
Cuando me dispongo a salir se presenta el ciclista herido de quien me despido y al cual no volvería a ver. Los últimos kilómetros desde Zamora a Salamanca se me hacen interminables. Se da la circunstancia de que la primera parte es de subida, hasta el alto de El Paraíso, un lugar boscoso en medio de la estepa castellana en donde nació no se que rey. Esta subida unida al fuerte viento, que afortunadamente ahora es algo más cruzado aunque siempre de frente y el calor del mediodía, hace el avance cada vez más penoso. Es en esos momentos en que se deja de pensar en tiempos, velocidades medias, etc. sólo se piensa en llegar. Desde el alto hasta Salamanca es casi todo bajada, pero el viento no da tregua y tengo que seguir pedaleando en todas las circunstancias.

Llego a Salamanca a las 15:15 horas moderadamente cansado, quemado por el sol y sediento. Me paro a comer en la terraza de un bar antes de volverme a Piedrahíta.


Primera etapa
Distancia: 418 km
Altura ganada: 2160m
Tiempo en movimiento: 14:50 h
Tiempo total: 18:20 h
Velocidad media en movimiento: 28,1 km/h
Velocidad media total: 22,8 km/h
Velocidad máxima: 62,8 km/h
Temperatura mínima/media/máxima: 6°C/21,3°C/33°C
Altitud mínima/máxima: 681m/1070m

Segunda etapa
Distancia: 194 km
Altura ganada: 916m
Tiempo en movimiento: 7:23 h
Tiempo total: 8:56 h
Velocidad media en movimiento: 26,2 km/h
Velocidad media total: 21,5 km/h
Velocidad máxima: 50,6 km/h
Temperatura mínima/media/máxima: 7°C/21,3°C/31°C
Altitud mínima/máxima: 635m/876m

Total
Distancia: 602 km
Altura ganada: 3076m
Tiempo en movimiento: 22:13 h
Tiempo total: 33:15 h
Velocidad media en movimiento: 27 km/h
Velocidad media total: 18,1 km/h
Velocidad máxima: 62,8 km/h
Temperatura mínima/media/máxima: 6°C/21,3°C/33°C
Altitud mínima/máxima: 635m/1070m

martes, 28 de mayo de 2013

Mi primer brevet de 400km

El pasado sábado participé en mi primer brevet de 400km. Dicen los entendidos que es la prueba más dura del calendario porque, al contrario del de 600km,  se hace de un tirón, sin parar a dormir. Efectivamente, es muy dura, no se sí más o menos que los 600km porque nunca he participado en ninguno (lo sabré en un par de semanas). Puede que en esta percepción influya el hecho de que esta prueba se suele realizar saliendo por la tarde/noche de un viernes para finalizar un sábado y por tanto tienes garantizado pasar toda la noche pedaleando. No es el caso de la prueba de Salamanca. Se sale a las 6:00 de la mañana en una época del año en que amanece muy pronto y si espabilas no tienes que circular muchas horas de noche. Eso si, esas horas que lo haces son las últimas de una jornada muy larga de ciclismo y eso se nota.

El recorrido transcurre entre España y Portugal. De Salamanca se va hacia el norte hasta Zamora, de ahí hacia el este hasta cruzar la frontera por Miranda do Douro, se continúa hacia el sur por tierras portuguesas para volver a cruzar a España por Vilar Formoso/Fuentes de Oñoro y volver a Salamanca por Ciudad Rodrigo. El recorrido parece llano, la cota máxima no llega a los 900m, se circula casi todo el rato por tierras altas, sobre los 700m, pero es engañoso, es muy accidentado, de hecho tiene más de 4.000m de subidas acumuladas y eso es debido a que se se baja varías veces para cruzar ríos. El primer río que se cruza es el Esla por Ricobayo, luego el Duero tres veces, la última por Barca d'Alva a 140m y por último el Águeda por Ciudad Rodrigo.

El perfil
A la salida nos juntamos alrededor de una veintena de ciclistas. El amarillo es el color predominante. Hacia frío. En las afueras de Salamanca el termómetro del GPS marcaba temperaturas alrededor de 0°C. Eso influía  en que pedaleásemos con ganas, quizás demasiadas para lo que nos esperaba. Enseguida formamos un pequeño grupo de cabeza de seis o siete ciclistas en el que reconocí a dos de los que en el último 300  en que participé en Salamanca fueron delante mío todo el recorrido (además de Fran Vacas y otro ciclista que no se quien era). Entablé con uno de ellos una pequeña conversación. Resulta que tenemos un amigo común, parapentista de Salamanca que vive en Madrid ¡¡lo que son las cosas, como para ir de incógnito!!. La charleta sirvió un poco para que moderase la marcha ya que el tío se embalaba a pesar de que su amigo por detrás le recordaba continuamente que se lo tomase con calma.

Como siempre, voy con el grupo de cabeza hasta la primera meada, que en este caso fue poco más allá de los 30 primeros kilómetros. El resto del recorrido, sólo, sólo. Hasta casi el final. En estas pruebas en las que participa poca gente, se suele formar un grupo que va muy rápido y por detrás otro bastante más despacio. En medio yo.
Cuando llegué al primer control de Zamora, en el kilómetro 62, llevaba una velocidad media de 31km/h. Hay que tener en cuenta que el trazado de este tramo es llano. Se sube un poco antes de llegar a Zamora, casi a 900m, el punto más alto del recorrido y luego se baja hasta el cauce del Duero. 

A la salida de Zamora, primer despiste. Intentando no meterme en la autovía di un par de vueltas hasta que me convencí de que lo que yo interpretaba como autovía en realidad era donde acababa la A-11 y que a partir de ahí, era carretera nacional hasta Portugal. Esos despistes supusieron que el recorrido de 400km, que en realidad era de 401km, se me convirtieran a mi en 411km. Y eso que llevaba GPS y había estudiado previamente el itinerario.



La presa de Ricobayo sobre el Esla
Al llegar a Miranda do Douro había que pasar otro control, o bien en la gasolinera o en el bar dos Bombeiros, pero resultaba que en ninguno de los dos tenían sello. Así que puse a mano en la cartilla el nombre del bar  he hice un garabato yo mismo por no pedirle al antipático camarero que lo atendía que lo hiciera el. Espero que valga.

El siguiente control estaba en Freixo de Espada a Cinta (querrá decir eso lo que parece) a  90km. Se llegaba a ese punto por una carretera, la N-221, que coincidía con una vía rápida, la IC5, prohibida para ciclistas, y por la que los organizadores habían trazado el track de la ruta. Mi GPS, obediente no hacía otra cosa que intentar llevarme a toda costa por esa carretera sugiriendo constantemente giros, cambios de sentido, etc. para llevarme a donde no podía ir. Incluso una vez lo consiguió y cuando me quise dar cuenta está metido de lleno en la dichosa IC5 por la que recorrí unos 15km hasta que encontré la primera salida. Como tenia que estar constantemente discerniendo por donde ir, en un caso me fui por una carretera equivocada y tuve que retroceder un par de kilómetros. A la salida de Mogadouro otra vez me volví a colar, pero esta vez me di la vuelta en medio de la vía y salí por donde había entrado saltando la mediana. Afortunadamente no me vieron los agentes de la autoridad y me libré de un disgusto. El caso es que dicha carretera estaba mejor para ciclistas que la otra convencional. Tenía más arcén, mejor visibilidad, trazado y firme.

Al llegar a Freixo de Espada a Cinta, sufrí una pequeña alucinación, estaba en mitad del recorrido y eran las 13:30, es decir llevaba siete horas y media de brevet, a ritmo de 15 horas lo que suponía que iba como una moto. Claro que esa cuenta no encajaba mucho con la velocidad media que llevaba, pero como ya estaba medio apajarado y no estaba para muchos cálculos mentales me pareció que el dato era incontestable y me puse muy contento. Me caí del guindo en el bar donde sellé. Al poner la hora el teléfono marcaba una hora más. A pesar de la pájara me percate de que el GPS, donde yo veo la hora mientras circuló, tan listo el, se había cambiado a la hora portugesa, una menos, y el teléfono no. Es decir iba a ritmo de 17 horas lo que estaba también muy bien pero no había comido, me quedaba lo peor y no me encontraba precisamente eufórico. Veía que iba a tener que bajar el ritmo.

Cometí un error. Como llevaba comida y no había en Freixo ningún sitio apetecible para comer, decidí continuar hasta Barca d'Alva. Estaba a pocos más de 20km de bajada y allí, junto al río habría algún sitio agradable con sombra.
En Barca comí la ensalada de arroz que llevaba, no me entraba muy bien, hacia calor, estaba en el punto más bajo del recorrido, todas las carreteras que parten de allí subían por unas laderas que se me antojaban interminables sobre todo después de comer y en las horas más calurosas del día, estaba en crisis. Siempre pasa en los brevets, es cuando te preguntas si merece la pena, para qué. Lo malo es que en este caso todavía me quedaban 180km. Decidí tomármelo con calma (en realidad aunque hubiera decidido lo contrario me hubiera dado lo mismo) y subí cansinamente hasta alejarme definitivamente del Duero. No pasaba durante la subida de 10km/h. Los kilómetros se me hicieron interminables, el cuentakilometros parecía bloqueado.

Al fin conseguí llegar a Fuentes de Oñoro. En el bar donde había que sellar estaba nada más pasar la frontera, era grande, deprimente, con las puertas de los lavabos todas llenas de pintadas, las tazas de los inodoros con la pintura desgastada por el uso, una corrida de toros en la tele con el volumen a tope. Fui capaz de tomarme un pincho de tortilla, mediocre, sin cebolla. Cuando iba a partir aparecieron dos de los ciclistas, de Vitoria, del grupo de cabeza que debí adelantar mientras comían en Freixo. Venían tocados también. Les habían dicho que el recorrido era llano. Uno de ellos era un radoneur auténtico que había hecho la PBP en 63 horas (¡¡durmiendo 3 horas!!), pero el otro, el que más se quejaba no. Había venido para acompañar a su amigo y que no hiciera el recorrido solo (eso es un amigo), le habían tenido que prestar las luces y el amigo le llevaba en su transportín el equipaje porque el no tenía. Me contó que habitualmente suele hacer hacer 120km, todo lo mas 170km. Bici y ruedas de carbono, de perfil alto. Le decía al randoneur que el haría los 112km que quedaban a 22km/h (casi 22,5km, cifra mágica) y que le daba lo mismo el tiempo que tardaran, que si quería ir más deprisa que no le pensaba dar ningún relevo. Todo esto con buen rollo y acento vasco. Era la típica pareja que siempre andan a la greña pero se llevan muy bien. Les dejé con sus bocatas y cerveza para continuar mi camino.

Pasado Ciudad Rodrigo empezé a encontrarme mejor. Creo que el ritmo de la primera parte fue excesivo, pero lo que más me debe influir son mis problemas estomacales. Llegué al siguiente y último control cuando empezaba a anochecer, ya recuperado y con hambre, todavía quedaban 50km, pero me parecían asequibles. En el bar me contaron que a uno de los tres que iban delante le había tenido que ir a buscar su mujer con el coche porque estaba agotado, con calambres en las piernas.
Cuando estaba terminando aparecieron los "victorianos" también hambrientos. Decidí esperarlos y cubrir con ellos la última parte. De noche es mucho mejor rodar en grupo, aunque sea de tres. También nos acompañaba una luna llena impresionante. El frío de la noche y el bocata me permitieron recuperar las fuerzas. Yo mismo me quedé sorprendido de mi resurgir, también influían las ganas de llegar. ¡¡Lo que es la cabeza!! Circulamos ese último tramo a una media de unos 30km/h, yo todo el rato delante porque ellos no estaban para relevos a ese ritmo y yo, recién resucitado, me encontraba muy bien.


Brevet 400k Salamanca 2013 from Roberto Fernández on Vimeo.

Llegamos a Salamanca a las 12:35

Distancia: 411,0
Altura ganada: 4.062 m
Calorías: 3.843
Tiempo en movimiento: 15:45:28
Tiempo total: 18:35:09
Velocidad media: 26,0 km/h
Velocidad máxima: 65,9 km/h
Altura ganada: 4.062 m
Altura mínima: 144 m
Altura máxima: 886 m
FC media: 69 % de la máxima 165
FC máx.: 82 % de la máxima 165
Temperatura media: 17,6 °C
Temperatura mínima: 0,0 °C
Temperatura máxima: 32,0 °C

domingo, 21 de abril de 2013

Brevet 325km Algete MGM 2013

Continúo con la preparación de la LEL. Hoy se trata de una prueba preparatoria de la MGM otra prueba similar española.
El recorrido comienza en Algete (Madrid) continúa por Gogolludo (Guadalajara) y Atienza (Guadalajara) llegando desde ahí a Ayllón (Segovia) para volver por el mismo camino. 325km en total

Este itinerario es muy accidentado, la ascensión acumulada es de 3.820m.
Por si fuera poco, hizo bastante viento. Los 107km. primeros, de cara, yo creo que entre 20 y 25 km/h. Luego a la vuelta fue de espaldas pero ya más flojo.
En la subida de la salida de Cogolludo fui con José Manuel Andrey. Marcaba un ritmo muy fuerte y me costaba trabajo seguirle descolgándome un poco a pesar del sobreesfuerzo. Le alcancé en la bajada y decidí no esperarle para que me alcanzase en la siguiente subida y no tener que apretar tanto para seguirle. En las subidas se me acercaba pero no me alcanza.
En los páramos de Hiendelaencina el viento arreciaba, sumándose esto a la subida. Debería haberle esperado un poco, estaba a poca distancia de mi, y nos hubiera ido mejor a ambos dando relevos.
Llegando a Atienza, a la ida

 Desde Atienza se sube al alto de La Pela atravesando de esta manera el Sistema Central. Llegando arriba me crucé con el ciclista que iba en cabeza !!estaba ya a mas de 40km por delante mio¡¡


El Alto de La Pela

La carretera de bajada a Ayllón es muy bonita pero el firme es infame, como para romper cualquier cosa en la bici.
En Ayllón la plaza mayor estaba a tope, boda por todo lo alto incluida, estuve a punto de no llamar casi la atención.
Huí de ese lugar buscando un sitio más tranquilo para comer. Un hombre que estaba regando me llenó el bidón de agua justo cuando pasaba Edu con su reclinada. Me senté a comer con mi tupper de ensalada de arroz en el bordillo de la carretera, a la solana y protegido del viento. Estando ahí paso José Manuel que se fué a buscar un bar para sellar.

A la salida de Ayllón me crucé con mis amigos del Pakefte nos paramos a charlar un rato Agus y yo. Me contó que habían salido unos minutos antes de que dieran la salida y luego se pararon en un bar en El Casar. Yo llegué con la hora bastante justa y por eso no les vi.

Llegando a Atienza, a la vuelta

En el bar del control de Atienza había tres autocares de excursionistas. Estaba a tope y había colas en los lavabos contribuyendo a acelerar mi marcha. Pensaba merendar algo pero decidía dejarlo para Cogolludo como así fue, tremenda torrija y café con leche. El viento desde Atienza hasta Algete era de espaldas, rodaba a buena velocidad salvo en las numerosas subidas.
En los últimos 50km. después de la subida del río Sorbe pasado Puebla de Beleña circulé bastante rápido, a más de 31km/h de velocidad media. Me ayudaba el viento de espaldas, el terreno descendente y las ganas de acabar. Llegué a las 21:35, con las últimas luces del día.

Para ver la ruta completa pinchar aquí




miércoles, 17 de abril de 2013

Madrid-Cangas de Onís en bicicleta

Este es el año de la LEL, una de las pruebas de ciclismo de larga distancia del calendario internacional. Consiste en recorrer 1418km desde Londres hasta Edimburgo, la capital de Escocia, y volver al punto de partida. Todo, a ser posible, conduciendo por la izquierda. No es una marcha competitiva, no hay una clasificación, pero para todos los participantes es un reto personal de envergadura. Hay que completar ese recorrido en menos de 116h, más o menos 5 días y 4 noches. Sale a una media de casi 300km/día. Toda una juerga. No hay etapas, cada uno se administra su tiempo, sus horas de actividad y sus descansos. Aproximadamente cada 80km hay que pasar un control. Ahí se puede comer, beber, dormir, tomar una ducha, etc.
Seguramente habrá quien intente cubrir el recorrido en el menor tiempo posible. Los más rápidos probablemente lo hagan en menos de 60 horas, casi de un tirón, sin dormir. El resto nos conformaremos con realizar el recorrido dentro del margen de tiempo, durmiendo lo más posible. Aún así habrá quién no duerma casi nada.
Y voy yo y me inscribo en esta prueba. Anteriormente había participado en pruebas parecidas, de 300km como máximo en un día. El salto cuantitativo se las trae. Pero todo es posible... entrenando claro.
En eso estamos. Llevaba tiempo rumiando la idea de hacer un gran viaje de 460km de fin de semana para visitar a mi hermana Marisa que vive en Cangas de Onís (Asturias). Ella viaja por razones de su negocio, varias veces al año, los domingos por la tarde hasta Madrid. Además tiene una furgoneta enorme. El martes 9 de marzo me llama avisándome que el siguiente domingo vendría a Madrid. Miro la meteo, buen tiempo (el primer fin de semana de buen tiempo de todo el invierno), temperaturas suaves y vientos flojos de componente sur. Condiciones inmejorables para el viaje.
Estas cosas se pueden hacer en solitario, pero es mucho mejor hacerlas en compañía. La semana anterior le había contado a mi amigo José Manuel Andrey, en el transcurso del viaje para hacer el 300 de Puertollano, los planes que tenía. Le había gustado la idea y además había hecho en temporadas anteriores viajes parecidos a Comillas (Cantabria). Cuando se lo conté se resistió poco. Además de ser un viaje divertido es un magnífico entrenamiento para la LEL, prueba a la que también está inscrito.
Sábado 13 de marzo. Quedamos en las inmediaciones de la Plaza de Castilla a las 6:30 con intención de llegar en la primera jornada hasta Carrión de los Condes (Palencia) km300 del recorrido y continuar el domingo con los 160km restantes para llegar antes de la hora de comer a Cangas.
Iniciamos el recorrido por el carril-bici de Colmenar, bien conocido por los ciclistas madrileños. Resulta extraño pasar por ahí todavía de noche. Llegando a Colmenar empieza a amanecer. Aunque está previsto buen tiempo, de momento hace frío. He traído unos guantes finos y tengo las manos heladas, tanto que cuando llegamos a Soto casi no puedo accionar con ella las palancas del cambio. Parada en el bar de la plaza, cafés y cruasanes recién hechos. La dueña alucina con el viaje que vamos hacer casi tanto como con mi bici.
El principal obstáculo es cruzar la sierra de Guadarrama. Esta sierra se bifurca en dos en el puerto de Cotos. Para cruzarla hay dos opciones, hacerlo antes de la bifurcación por el puerto de Navacerrada bajando hasta La Granja (mucho tráfico un sábado por la mañana, sobre todo si hay nieve en las cumbres) o después de la bifurcación, por carreteras mucho más tranquilas, desde Miraflores de la Sierra hasta el valle del Lozoya y desde ahí subir otra vez por el puerto de Navafría hasta Pedraza. Nos habíamos decidido por esta segunda opción a pesar de ser la más dura. Para el trayecto entre Miraflores y Lozoya hay otras dos opciones, por el Puerto de La Morcuera de mayor recorrido y mayor altura o por el de Canencia, de menor recorrido y altura. Como el viaje es largo nos habíamos decidido por la segunda opción de Canencia.
Las primeras rampas del puerto de Canencia, por las urbanizaciones de la salida del pueblo, son las más duras. A punto de coronarlas, nos encontramos con un control de la Guardia Civil que nos comunica que no podemos continuar. La carretera está cortada por la celebración de un rally automovilístico. Se nos cae el alma a los pies. Amablemente los guardas nos sugieren ir por el puerto de La Morcuera, se nos vuelve a caer el alma y más cosas. José Manuel afirma que si le llego a decir que la ruta era por Morcuera, no hubiera venido. Yo pienso que si llego a haber sabido esto hubiera preferido el puerto de Navacerrada. No hay otra opción, damos la vuelta, bajamos de nuevo hasta Miraflores y ahí nos desviamos hacia el puerto de La Morcuera. Todavía estamos frescos y subimos bien pero reservando fuerzas.



El día va a ser largo. La bajada del puerto maravillosa... y heladora. El cielo despejado, las cumbres nevadas los bosquetes de robles, arroyos por todas partes. En Lozoya nos desviamos por la carretera del puerto de Navafría. Se nos hace largo, es empinado, huele a pinos, se sube en escalones, unas rampas más fuertes se sucedes a otras más suaves. Casi al llegar arriba es cuando caen los primeros 100km y ya llevamos 2.260m de subida acumulada.



La bajada de firme irregular, cruzamos la N-110 y nos dirigimos a Pedraza. Justo en la desviación un cartel “Carretera cortada a 7km”. Otra vez, no puede ser. Pienso que debería haber traído un mapa para mirar una desviación, no basta con el GPS, José Manuel si lo trae, sabiduría "randoneur" analógica. Cuando vamos a consultarlo aparece un coche que viene de la carretera cortada. Le paramos, le preguntamos y nos dice que se puede pasar, que lo que está cortado es un puente en mal estado pero que se puede pasar por el puente antiguo. Qué ironía, el puente viejo sobrevive al nuevo.
Pasado Pedraza, en La Velilla, paramos a comer un bocadillo. Pan industrial, jamón de sobre. Continuamos en dirección a Peñafiel, el viento sur no aparece, más bien de cara. Sube la temperatura, salen a volar los insectos y hay que cerrar la boca, sobre todo en las bajadas.
La mayor parte de los recorridos los hacemos por carreteras que discurren junto a los ríos y por tanto o suben o bajan suavemente. Solo tenemos repechos cuando pasamos de un valle a otro. El tráfico es escaso, pasamos kilómetros sin cruzarnos con ningún coche. Los interminables campos de cereales están verdes y espléndidos.

 

Peñafiel en fiestas, paramos a comer en la terraza de un bar, bocadillos de queso, buen queso, pan que deja mucho que desear ¿que fue del pan de Castilla?. En la terraza nos ponemos a la sombra, en el interior un grupo de parroquianos cantan y beben, cuando no cantan continúan haciendo una variada gama de ruidos ¡¡menos mal que la temperatura permite estar en la terraza!!
A la salida de Peñafiel hace un poco de calor pero muy llevadero, el viento se empieza a notar en la espalda, se agradece, continuaría así, con más o menos intensidad, de espaldas o de lado, hasta Cangas.



La tarde va cayendo mientras se alargan las sombras y empieza a refrescar. Dos corzos cruzan la carretera delante nuestro. Llegamos a Frómista casi de noche. Cenamos en la terraza de un restaurante. Pasta y arroz con leche.



Termina de hacerse de noche cuando salimos de nuevo a Carrión de los Condes a 20km. donde llegamos pasadas las 10 de la noche con 305km a la espalda y dos recios puertos en el Guadarrama.
Después de guardar las bicis en un corral y cuando le decimos a la dueña del hostal en donde nos alojamos que queremos salir a la mañana siguiente a las 6:00, nos dice que las subamos a la habitación, que ella no se quiere levantar tan temprano. La entiendo, yo tampoco quiero.



A la mañana siguiente cuando salimos, está todo cerrado. En los pueblos cada día se levantan más tarde. Ha helado y el frío es intenso. Al pasar por Saldaña continúa todo cerrado. Estamos ateridos, mis manos vuelven a estar congeladas y otra vez no puedo cambiar de velocidades. Por fortuna el recorrido es llano y no hace mucha falta. Unos kilómetros antes de Guardo, poco después de salir el sol, se ven las montañas de la cordillera Cantábrica nevadas e imponentes, paramos en una gasolinera. Nunca me había sabido tan bien un café de máquina. El empleado muy amable nos muestra los picos, el Espigüete, el Curavacas...
Por fin, casi a las 9:00, en Guardo encontramos un bar abierto, no pueden hacerme una tostada -que no sea de pan de molde- porque no tienen pan, pero nos hacen unos bocadillos de tortilla. Lo peor ante este fenómeno de tener pan para bocadillos pero no para tostadas es que tenerse que tragar una explicación surrealista.
Continuamos viaje, pasando un par de portillas hasta llegar a Riaño.





Siempre me hubiera gustado ver este valle, rodeado de montañas antes de que se construyera el pantano. Me imagino los sotos arbolados, las huertas, los puentes sobre el río.





Me llama la atención las montañas que nos rodean, las recuerdo lunares bajo el sol calimoso del verano, ahora están blancas, brillantes sobre el azul del cielo.

 
 El Espigüete

Llegamos al puerto de El Pontón, casi se ha acabado el viaje, faltan 46 km. hasta Cangas !!pero de bajada¡¡

 

A las 13:00 estábamos haciéndonos las fotos de rigor delante del puente romano de Cangas.



Aquí se pueden ver más datos del recorrido. Se me olvidó activar el GPS al salir de Carrión por lo que los datos del tramo Carrión-Cangas no están reflejados. La distancia total es correcta.