"No dudemos jamás de la capacidad de un grupo de ciudadanos insistentes y comprometidos para cambiar el mundo.
De hecho, así es como ha ocurrido siempre."
Margaret Mead

jueves, 27 de agosto de 2015

Mi primera París-Brest-París

La historia 
El súper brevet París-Brest-París es la prueba más importante de este tipo a nivel mundial. Se celebró por primera vez en 1891. Es el evento ciclista más antiguo de todos los que se producen, incluido el Tour de Francia. Desde 1971 se celebra cada cuatro años y partir de 1956 únicamente participan corredores amateurs.
Charles Terront, ganador de la primera edición de 1891
Cartel referente a la edición de 1901

Presentación
 
La prueba consiste en cubrir el recorrido entre París y Brest, en la Bretaña Francesa y volver casi por el mismo camino, 1230km en total, que hay que completar en un máximo de 90 horas.
El itinerario

El Perfil

Es la prueba "randoneur" por excelencia. El "randoneurismo", excursionismo, en traducción literal de Francés, es un tipo de ciclismo no competitivo equivalente a lo que fue en su día el término cicloturista. En este tipo de pruebas el ciclista tiene que ser autosuficiente por lo menos entre controles situados generalmente a una distancia de unos 80km y salvo accidente o abandono, no puede recibir ayuda de terceros que no sean los propios participantes. 

Los planteamientos 
Evidentemente el sentido de la prueba ha ido evolucionando con el tiempo y actualmente coexisten diferentes formas de afrontarla (y creo que en eso consiste su éxito) y de vivirla. 

Siempre es un reto sea cual sea la forma en que se plantee. Se dan todos los extremos, desde quien se propone hacerla sin ningún tipo de ayuda externa, llevando encima todo lo necesario (excepto el agua, supongo) hasta quien recibe ayuda en cada control y solo tiene que llevar lo indispensable para cubrir la distancia que separan un control del siguiente.

Eso en cuanto al "cómo". En lo que se refiere al "con qué" la variedad es todavía si cabe más amplia, en lo referente a tipos de bicis se pueden ver bicis convencionales (las más), reclinadas, triciclos, velomoviles, tandens, tridens (o como se llamen los tandens de tres), bicis de mano, plegables, clásicas (incluida vestimenta de época), y algún tipo que seguramente se me olvida.
De los materiales en que están construidas el que más se ve es la fibra de carbono pero también se ve mucho el aluminio, acero, titanio, incluso bambú y madera. También se ven reclinadas autoconstruidas.


Todo un ejemplo de coraje y superación

Mi batalla
Antes de salir ya había manifestado que tenía tres objetivos. Los cito por orden de importancia:
- Acabar la prueba
- Disfrutar
- Tardar el menor tiempo posible
Con mis amigos José y Javier el día antes
Todo preparado, jinete y montura

Con estas premisas por fin llega el día de la salida. Hasta aquí me han traído muchas horas de entrenamiento, muchos kilómetros recorridos (11.200 km en lo que va de año y 15.200 desde que empecé mi plan de entrenamiento en octubre), varias pruebas de clasificación de 200km, 300km, 400km, 600km y mucha ilusión. 

La primera en la frente. Renuncio a la comida que tenía pagada en el hotel para decantarme por la que ponía la organización por considerar que sería más adecuada a las circunstancias. Por dicha comida se había pagado 13€ junto con la inscripción. Cuando llego al velódromo se había agotado el segundo plato y el agua. Solo quedaba ensalada y no de pasta o arroz precisamente sino de lechuga y poco más, y tarta de chocolate de postre. Ante la perspectiva de afrontar el comienzo con el depósito en la reserva me zampo tres porciones de tarta que, todo hay que decirlo, estaba muy buena. Una vez no comido, me pongo a la cola para tomar la salida. Ahí coincido con otro reclinado que ya recordaba de la Londres-Edimburgo-Londres de 2013 que lleva un cajón de madera autoconstruido en la parte trasera de su bici y me explica que ahí lleva todo lo necesario para pasar la prueba sin ayuda externa. Como ejemplo, saca un racimo de plátanos advirtiendo en ese momento que estaban casi pochos, se come uno e intenta colocarme otro. Yo que en ese momento negociaba con mi estómago tres raciones de tarta declino la generosa oferta. Acaba tirando los otros plátanos ante la poca colaboración del resto de los participantes. 

La salida es trepidante, se va a un ritmo suicida. En el km 20 vamos a una velocidad media de 31km/h. A mi se me enciende todas las alarmas, bajo el ritmo dejando que otros me alcancen por detrás a la espera de hacer grupo con gente que circule a una velocidad razonable de acuerdo con una prueba de 1.200km y no de 120km como parece. Me emparejo con otro reclinado en un tramo llano. Parece que este tiene menos prisa, pero en el primer repecho intenta mantener la velocidad, sin querer le sigo y mis pulsaciones se disparan al 85% de mi FCM. Yo, que estoy entero todavía, respiro por la nariz, pero el tipo a mi lado resopla como una locomotora. Decido que no es buena compañía y le dejo ir. Me sigue pasando lo mismo en más ocasiones hasta que me resigno a ir yo solo a mi ritmo. Al poco empiezan a adelantarme grupos de ciclista erguidos que han salido 15, 30, 45, 60, etc. minutos después que yo. Van como caballos desbocados, reconozco en esos grupos a gente que más tarde se retiraría o que tardarían hasta 15 horas mas que yo. Era impresionante en las rectas que hay en este tramo en el que la carretera tiene numerosos toboganes, cuando se llega al alto de uno de ellos, ver cientos, miles de ciclistas, con sus luces rojas traseras, alumbrando con sus focos, sobre los chalecos reflectantes a los ciclistas que les precedían. Procesión de fantasmas.
Los primeros kilómetros a las afueras de París

Empieza a caer la noche

Llegamos al primer control, Mortagne, pk.140 en el que no hay que sellar pero en donde aproveché para comer unos bocadillos y unos plátanos que había dejado en el coche de apoyo para evitar aglomeraciones. En este punto ya se había hecho de noche y me abrigué antes de salir camino del siguiente control. A partir de allí la densidad de ciclistas fue en disminución llegando a ir solo en muchos tramos. Llegué al control de Villaines pk.221, a las 3:27 en donde me comí los bocadillos y los plátanos que había dejado en el otro coche de apoyo. Aquí se terminó para mi toda la ayuda de estos coches. Se notaba el frío de la noche y el exceso de ritmo que había llevado, estaba cansado y la comida, como me suele pasar en estos casos, no me entraba bien. Pasado el control continué a menor ritmo, la clave en ese momento era recuperarme. Llegué al control de Foguères pk.310 cuando ya empezaba a querer amanecer. El restaurante estaba muy alejado del punto de control así que comí algo sobre la marcha y continué. Es a partir de ese momento cuando empecé a adelantar ciclistas. ¡¡Muchos habían salido después que yo!! ¿cómo se explica?  Debieron ser los que me adelantaban por la noche que no podían mantener el ritmo. No se me ocurre otra explicación. 
A partir de ahí paré en todos los controles, incluso en los que no había que sellar, para comer y descansar un rato. En Loudeac, pk.449 me di cuenta que el móvil no me cargaba, era un fallo del cable  de alimentación y decidí apagarlo y terminar de grabar en Strava y transmitir mi posición. El GPS se me apaga, el típico cuelgue de Gramin, y estuve varios kilómetros intentando arrancarlo hasta que por fin se puso en marcha. Lo peor no obstante no fue eso ni con mucho. Me comunicaron que un amigo, Marcelo, se había matado en un accidente de parapente el día anterior. A partir ahí ese pensamiento se convirtió en recurrente para mí durante toda la prueba. 

Rodando rodando llegué al alto del puertecillo que hay antes de Brest ya con las últimas luces del día. En mi imaginación tenía la idea de que se trataba de bajar el alto, cruzar un puente sobre una bahía y ya estaría en el control y punto de vuelta. Nada más lejos de la realidad, el puertecillo si, se baja, pero ahí no acaba la cosa, se vuelve a subir una y otra vez llegado un punto se abandona la carretera principal para seguir por carreteras secundarias, ya totalmente de noche, sin luna y sin rayas ni de centro ni laterales. Hay que bajar despacio y con cuidado. Ya en Brest se tiene la sensación de que la organización te da vueltas de una calle para otra sin sentido ni consideración a subidas. Una vez cruzado el ansiado puente tampoco se llega. Una interminable calle de subida con semáforos preferentemente en rojo nos separan todavía del control.
Por fin llegue al control de Brest pk.618 a la 23:55, 30 horas y 39 minutos después de tomar la salida. Es de destacar que este es, con mucho, el 600 más rápido que he hecho nunca
En el control de Brest los dormitorios, lo que parece una residencia de estudiantes en desuso, están a lo que se antojan varias centenas de metros del punto de sellado. Una vez ahí una cola para coger habitación (la única que tuve que hacer en todo el recorrido). Tenían que ver qué habitación te asignaban a través de un programa informático y una vez localizada una libre alguien tenía que ir hasta allí para asegurarse de que estaba libre de verdad. En resumen 7 horas y 40 minutos para cenar, ducharme, desayunar y dormir 4 horas. Un desastre por mi parte y por el de la organización. 

Salí de Brest a las 7:35 del día siguiente, martes 18/8. Habiendo dormido sólo cuatro horas pero bastante descansado. En periodos de escasez se tiene uno que acostumbrar con poco. Me influyó mucho el hecho de que había dormido como un tronco desde el minuto uno en que me acosté hasta que me despertaron. Estaba empezando a clarear y había niebla. Salí sólo aunque al rato me uní a otros reclinados con los que compartí los primeros kilómetros de ruta. A la subida del puertecillo empecé a encontrarme con los primeros ciclistas que llegaban a Brest. En un momento dado se convirtieron en una fila continua e interminable. Algunos me reconocían y saludaban pero yo que tenía el sol de frente e iba deslumbrado no pude reconocer a nadie hasta que no me saludaban ellos y en algún caso ni aun así.
Saliendo de Brest

El sol quiere romper con la niebla

Subiendo desde Brest

Poco a poco desandaba el camino de vuelta a París. Estuve rodando unos kilómetros con un ciclista rumano residente en Italia que llevaba la equitación de los italianos. Me comentó que no le gustaba mucho la prueba que el paisaje era muy monótono y que prefería la 1001 millas que se celebran en Italia en las que pensaba participar. Prefería esa prueba porque se pasaba "del mar a la montaña y viceversa" pero que participaba en esta porque de esa manera tenía asegurada la inscripción en la italiana. A mi eso de pasar continuamente del mar a la montaña me pareció como los subí/baja de esta prueba pero a lo bestia. Y encima 1001 millas, más de 1600km. 
Afortunadamente no hace viento

Otra forma de rodar

Poco a poco fue pasando el día. Llegué a Tinteniac pk.867 a las 20:18  era el momento de cenar y ponerse ropa porque la noche iba a ser fría y larga. Me encontraba bien de fuerzas y me daba mucha pereza pensar en pasar otra noche en uno de los controles con todas las incomodidades que tiene asociadas. Es cuando decidí seguir del tirón y llegar a París cuanto antes. Lo que más deseaba en esos momentos era una buena comida con los deberes hechos, una buena ducha y una cama limpia con sábanas blancas, bien estiradas, y dormir sin hora. De echo ese era mi plan B en el caso de que las cosa me fueran bien y me encontrara con fuerzas. 
Las primeras horas de la noche fue todo bien, estaba fuerte y circulaba a buen ritmo. Pasé Forguères pk.921 y fue entre este control y el de Villaines cuando los kilometros se me hicieron más largos. El frío se notaba (la temperatura cayó por debajo de 9°C) y unido a la humedad y el cansancio se me hizo este tramo interminable. Llegué a Villaines pk.1010 a las 4:28 del miércoles 19/8. Comiendo algo en la cafetería del control noté que me caía de sueño y fue entonces cuando decidí echarme un rato allí mismo. Estuve una hora dormitando en el suelo vestido con toda la ropa que llevaba. Fue una buena decisión que me sentó muy bien. Cuando reemprendí la marcha me encontraba mucho mejor y ya estaba empezando a amanecer lo cual, cambiaba mucho el panorama.

El tramo hasta Mortagne, largo y rompepiernas. El remate final la llegada al propio control, pk.1090 con sus buenos repechos. La salida de Mortagne nos regaló con otros tres puertecillos que a esas alturas de la película se hacían bastante cuesta arriba. Ya llegando a Dreux pk.1165, me uní a un grupo de chavales jóvenes que iban bastante enteros y circulaban bastante rápido. Podía ir más deprisa con menos esfuerzo, pero nada sale gratis, en un momento dado, uno hace un requiebro para salvar una tapa de alcantarilla y está a punto de chocarse con el que tenía al lado con el peligro de irse ambos al suelo, y yo detrás. Concluyo que no merece la pena.
Yo en plena acción

Muchas horas de bici. Hay que hacerlas lo más cómodo posible
Llegué a Dreux pk.1165 a las 14:41 tras 69 horas 25 min. de ruta. Ya veía la llegada a París pero todavía había que trabajarse los últimos 65 km. La salida de Dreux a plena hora punta con mucho trafico y semáforos me resultó pesada. Enseguida se deja atrás la ciudad y se atraviesa un terreno favorable bastante llano y con viento de atrás. La única ocasión en todo el trayecto en que se hizo sentir el viento. En ese tramo volaba, es un decir después de más de 1100km a las espaldas, hasta que llega otra especie de puertecillo que me separaba del final. A 28km de la meta hay una serie de repechos, los mas duros del recorrido, yo calculo que de más del 10%, lo que a esas alturas se hacían casi insalvables. A ambos lados de la carretera había mucho público (más que a la entrada del velódromo) supongo que con la intención de ver qué cara se nos ponía a quienes pasábamos por allí. Yo no sé qué cara se me pondría pero hubo quien se me ofreció para empujarme, ofrecimiento que rechacé al momento muy digno yo, para arrepentirme a continuación, cuando ya no había remedio. 

Llegado a ese punto, a mi se me imaginaba algo similar a la llegada de Brest. Bajadita hasta  hacer la entrada triunfal en el velódromo. De nuevo chasco. Se comienza una serie interminable de subidas, bajadas, rotondas, cambios de dirección, semáforos, etc. con la sensación de nuevo de que los organizadores te están dando una vuelta por ahí para completar los kilómetros de recorrido que tenían previsto. Cuando ya creía que estaba a punto de llegar un espectador me intenta animar diciéndome que sólo faltan 15 km que se me antojaron una eternidad. 
Por fin, por la puerta de atrás del velódromo y en olor de soledad, llegue a la meta 72 horas y 40 minutos después de haber salido. 

Conclusión 
En cuanto al planteamiento, a la resolución del binomio sufrimiento/disfrute, creo que ahí hay mucho de que hablar. Todos hemos sufrido, del primero al último, pero no tiene porque haber sufrido más quien haya tardado menos ni haber disfrutado más quien haya tardado más. Estoy seguro de que habrá muchos participantes que lo habrán pasado muy mal para hacerla en 90h y no digamos de quienes la han tenido que abandonar, ésos seguramente han llegado al límite de sus fuerzas. También habrá quien, habiéndola hecho en un buen tiempo, haya disfrutado razonablemente 

En mi caso, he disfrutado y lo he pasado mal, me imagino que como a casi todos los participantes, ambas cosas a la vez. 

Las largas horas nocturnas de soledad en la carretera, con el frío y la humedad, solo pendiente del pequeño espacio de carretera que ilumina el foco, el lento avance del cuentakilómetros, los momentos de bajón, la desolación de cuando me comunicaron el lunes que mi amigo se había matado en accidente de parapente el día anterior, el inmenso esfuerzo que supone levantarse cuando te avisan después de haber dormido cuatro horas y pensar que sólo estás a medio camino, todo eso y muchas cosas más que se me olvidan en este momento pero que reaparecen cuando menos lo espero, van al platillo del sufrimiento.
En el otro lado de la balanza está, el olor del heno en los prados al borde de la carretera, la gente siempre dispuesta a animarte a cualquier hora del día y de la noche desde las cunetas, la niebla pegada al suelo de los campos al amanecer, los primeros rayos de sol, el placer de superar un reto, de ser capaz de vencerse a uno mismo, a ese otro yo cobarde y acomodaticio que siempre aparece en los momentos más difíciles, a un gesto amable, que los había, de otros participantes y voluntarios en los controles, a los mensajes de aliento de las personas que me seguían, sobre todo los de Juan, siempre precisos y sabios, todo esto y mas cosas olvidadas por el momento pero que irán reapareciendo y agrandándose con el tiempo, van al otro platillo de la balanza. 
Los ánimos de los franceses son constantes

Se dice pronto

No eché de menos una llegada apoteósica como cuentan quienes han participado en ediciones anteriores, casi lo preferí, llevaba la emotividad disparada, por la fatiga, por la muerte de mi amigo que no se me quitó de la cabeza, por la alegría de acabar, por todo el esfuerzo que dejaba atrás. Habría sido demasiada emoción hacer los últimos kilómetros en medio del ánimo de tanta gente. 
A la llegada en el velódromo

La comida del final de la prueba
Merecía la pena

Para la próxima 
Si hay próxima, intentaré un plan similar al que he seguido en ésta pero reservando hotel en Brest, en un establecimiento en el que se pueda hacer autochecking para poder coger habitación independientemente de la hora a la que llegue. Así podré optimizar las horas de parada y pudiéndolas convertir al máximo en horas de sueño.

Procuraré salir a mi ritmo desde el primer momento, de esta manera iría más cómodo, no tendría que hacer tantas paradas y seguramente ganaría tiempo. 

Creo que de haber seguido ambos planteamientos hubiera podido bajar de las 70 horas o andar muy próximo. 
No creo que eso pueda ser posible en el futuro ya que difícilmente se van a repetir unas condiciones tan favorables en lo que se refiere a ausencia de lluvia o viento acompañado de temperaturas suaves.
También en las próximas ediciones seré, por lo menos, cuatro años mas viejo que ahora y ya estoy en una edad en que cuatro años se van a ir notando cada vez más. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué grande eres, Roberto! Me ha encantado el relato. En este deporte siempre se ponen en la balanza sufrimiento y disfrute, como el coste/beneficio, en la ultra resistencia, aún más. Esto es aún más que ultra resistencia, te debe poner por encima de todos los límites y los has llevado más allá. El futuro ya se verá, ahí ha quedado eso.

Ángel

C. C. Castulo dijo...

Fabulosa crónica Roberto. Mi mas sincera enhorabuena por tu logro, experiencia vivida y sufrida. Es un relato que lo podríamos hacer cualquiera en mas o menos los mismos términos. Dentro de 4 años efectivamente tendrás 4 años años mas, pero tambien una experiencia que no has tenido en esta edición. Seguro que te valdrá para mucho.
A ver si puedo y lo hacemos juntos.
Enhorabuena por tu logro y por tu crónica.
Capi

Anónimo dijo...

Hola Roberto, gracias por compartir tu experiencia con los demás. Lo primero presentarte mis condolencias por la pérdida de tu amigo. Verás como poco a poco, tu mente va olvidando esos malos momentos y afianzando cada vez más los buenos.
Una errata, en la primera foto del primer evento, tienes equivocada la fecha (1981 por 1891)
Un saludo.
Txema

Miguel ('tagun') dijo...

Enhorabuena por todo, ha sido un placer leerte, impecable exposición secuencial de los acontecimientos y muy gratamente relatados. Como ciclista reclinado he tratado de imaginarme un esfuerzo semejante... y me ha abrumado. He recorrido este julio pasado una distancia similar (Sevilla-San Sebastián) con una bici eléctrica puntera en 10 etapas y, con esa referencia, me quedo estupefacto valorando todo lo que habéis puesto en juego en semejante desafío. Toda mi admiración.

pacomi dijo...

Enhorabuena por tu éxito Roberto y gracias por tu crónica (aunque ponga en tu debe el que haya tenido que ser "xavbor" el que haya puesto el enlace a ella en el foro de Granabike, donde el Capi abrió un hilo específico para la PBP http://www.granabike.com/foro/25-bicicletas-reclinadas/69458-paris-brest-paris-2015.html ¿acaso no conoces el foro?).
Creo que nos conocimos en Madrid en la primera quedada que organanizó 3ike aún con Carlos y Jenson juntos. Un saludo y hasta pronto (espero que ahora te dejes ver por el foro :-))

Pilar dijo...

Gracias Roberto. ¡¡¡Me ha gustado mucho tu crónica!!! Muy amena y entretenida.

En realidad sabía algunas cosas de la PBP que estabas haciendo porque me las iba contando Juan. Leyendo tu relato, encuentro explicación a detalles que me explicaba él. La verdad que me tenías impresionada todo el tiempo de recorrido.

Admirable que la hayas completado con todos los elementos emocionales que llevabas encima, y además, en tan buen tiempo y siendo la primera vez. Me alegro que la meteorología te haya acompañado, porque el primer año que la terminó Juan hubo un tiempo de perros horrendo.

Un abrazo